Reconoce a los 5 enemigos invisibles de una alimentación sana

Llevar una alimentación saludable no sólo consiste en llevar a cabo medidas obvias como reducir el consumo de azúcares y grasas, y aumentar la ingestión de frutas y verduras. Adicional a esto, es indispensable identificar aquellos detalles que suelen pasar inadvertidos. SIGUE LEYENDO >>

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Mejorar la alimentación contribuye a mantener un buen estado de salud. La mayoría de nosotros somos capaces de reconocer qué medidas implementar para lograr este objetivo, más allá de que los pongamos en práctica.

 

Sin embargo, para llevar una alimentación sana es preciso estar atentos a otros detalles importantes y que frecuentemente pasan desapercibidos. ¿Te has preguntado por qué sigues sin bajar de peso a pesar de que te esfuerzas por conseguirlo? Quizá la respuesta está en identificar a los “enemigos invisibles” de nuestros propósitos saludables:

 

1. EL TAMAÑO DE LAS RACIONES. Los estudios revelan que las porciones de alimentos que consumimos (y las calorías que estos contienen) han aumentado de forma exagerada en los últimos 20 años, en tanto que nuestras necesidades energéticas no han crecido en paralelo (más bien lo contrario). Esto ha conducido a un consumo de calorías superior a lo que gastamos. El resultado: mayor acumulación de grasa corporal.

 

2. EL TIPO DE GRASAS. Una etiqueta que declara “bajo en grasas” o “sin grasas” no necesariamente es un producto saludable. Es cierto que, hablando de las grasas saturadas y grasas trans, cuantas menos se consuman mejor; pero existen otro tipo de grasas y aceites (insaturados) que cumplen un papel muy importante en el organismo. Por ello, es importante diferenciarlas en la etiqueta y verificar el contenido de cada una de ellas en los alimentos.

 

3. EL TIPO DE FIBRAS. Que un producto sea integral o enriquecido con fibra no es lo mismo. Generalmente los cereales refinados (arroz, pan y pastas) pierden en dicho proceso la mitad de las vitaminas, minerales y fibra que contienen. La recomendación es preferir el consumo de cereales integrales a los enriquecidos con fibra, pues estos últimos no alcanzan a aportar las vitaminas, minerales y sustancias fitoquímicas que sí tienen los productos integrales.

 

4. EL CONTENIDO DE SAL. Sólo una cuarta parte del cloruro de sodio (sal) que ingerimos es añadida por nosotros mismos de forma voluntaria, el resto proviene de los alimentos procesados (pan, bollería, cárnicos y derivados, quesos, salsas, conservas, comida precocinada, etc.). El consumo excesivo de sal se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Por ello, es aconsejable revisar las etiquetas de los productos y elegir aquellos “sin sodio” o con “bajo contenido de sodio”, y preferir los alimentos frescos y naturales.

 

5. LA INFORMACIÓN NUTRIMENTAL DE LAS ETIQUETAS. La mayoría de las personas no conocen la legislación que regula la declaraciones nutricionales y de salud, y por ello se convierten en presa fácil de la publicidad. Un producto que declara ser “light”, “ligero” o con “valor energético reducido” es aquel al que se le redujo (al menos 30%) el contenido de calorías en comparación con su versión original; sin embargo, esto no significa que las calorías que aporta sean pocas, sobre todo si el producto original era muy rico en grasas y azúcares.

 

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